Detrás de mí, irá el recuerdo.

Quiero tenerte a mi lado porque tú endulzas mi vida, le das sentido y la llenas por completo. Cuando te miro a los ojos tengo la sensación de estar mirando algo más. Quizás sea esa la mirada que delata a tu alma y provoque que comience a hablar por sí sola. Me detengo en tus labios y contemplo la forma que toman cuando se mueven estando yo cerca, esa forma que dice y expresa mediante gestos su total dulzura, esa dulzura que tanto me atrae y me cautiva, y que gracias a dios tengo la posibilidad de probar. Suspiro contento de que mi mundo sea tan perfecto, de que cuando estoy contigo, parece que soy un Sol, un Sol genial, único, que puede ser capaz de derretir los polos, pero que sin embargo no seca el agua. Cuando te beso parece que bebo de la copa dorada de la inmortalidad, obteniendo así el gran elixir de la vida. Tus manos son tan suaves como el pétalo de una rosa, tan espléndidos como el brillo del resplandor, tan bondadosas como la misma bondad, y son tus manos las que sujetan mi corazón. Es tu aliento el mismo que yo respiro, porque también es el mío. Es tu cuerpo el que me da placer, tu cuerpo que, en días fríos, cuando el hielo está en todas partes, logra crear un clima cálido y placentero. Prométeme que las puertas de tu alma siempre permanecerán abiertas para mí, prométeme que dejarás de quererme cuando el viento pare de soplar, cuando el fuego deje de calentarnos. Prométeme tus caricias, tus besos, tus abrazos, tu sonrisa y el sonido de tu voz. Prométeme que si algún día nos alejamos, me seguirás queriendo, que si nos separamos echarás atrás el tiempo y me buscarás. Yo te prometo mi amor, te prometo el universo, la pasión, la dulzura, lo seguro, lo real, te prometo con mi sangre que te brindaré la magia de mi cuerpo. Pero nunca, mi amor, me uses de idioma extraño, que nunca entenderá tu lengua, nunca crees tempestades que inunden mi corazón, no permitas que me ahogue en mi propio llanto de niño, no empañes la forma que tengo de ver las cosas, y nunca me hieras o me traiciones, porque, mi amor, me moriría antes de que la muerte toque a mi puerta, mucho antes de poder preguntar ¿Por qué? Antes de probar la manzana envenenada, antes de que la soga toque mi cuello y tus disculpas no servirán, porque a pesar de haberme muerto y de haber llegado al mismo cielo, detrás de mí, irá el recuerdo.

Deja un comentario