No sé si has visto mi Habana, pero es bella.
Hay balcones que penden de un hilo,
también te encuentras hilos, colgando de los balcones.
Pero, es bella.
Tiene calles antiguas y nuevas.
En las calles antiguas, hay nuevos baches: en las calles nuevas,
puedes distinguir viejos baches, que nunca fueron sellados al edificar la nueva calle.
Pero es bella.
No sé, si has ido a mi Habana. Ella es bella.
Aunque mientras caminas, el sol te azota sin piedad,
desde las siete de la mañana hasta las siete de la tarde-noche;
y casi ni consigues ver hacia delante, porque tus ojos se agotan.
Y el sudor te acompaña durante toda la jornada, sin importar,
si la visitas en mayo, octubre, diciembre o enero.
Aquel sol, es incansable, infalible.
Pero ándate a conocerla; porque es bella.
Eso sí, cuando vayas a un supermercado, no te asombres.
Lo más certero sea, que no encuentres el producto que andas buscando.
Todo ha sido ideado, para que vivas una experiencia inolvidable.
Porque mi Habana, es bella.
¡Qué te cuento de la gente!
Bueno, todos te saludarán. También querrán hablar contigo.
Sí, ya sé que no los conoces, pero igual lo harán.
Porque mi gente, es bella.
No te preocupes, podrás conversar amenamente con ellos.
¿Qué es el pueblo más culto del mundo, como muchos creen?
Falso. Pero pueden platicar sin problemas; y te comprenderán.
Porque mi gente es bella.
El transporte es un caos rotundo. Las guaguas avanzan a más no poder.
Sin embargo, te llamará la atención, que la gente respeta la cola, por más prisa que suelan tener; y que los asientos correspondientes,
a embarazadas, ancianos y discapacitados, se les brinda a estos grupos,
sin dudar.
Porque mi gente, en verdad, es bella.
Te tratarán con afecto y ternura, ese calor te llegará.
Amarás las fiestas y la comida; todo el mundo querrá darte más.
Porque mi gente, es bella.
Muchos me preguntan por el gobierno.
Pero debemos ser muy realistas. No todo en este mundo es perfecto.
Quedémonos con la gente, y con mi Habana; ellos son quienes la vuelven bella.