
Les comparto un fragmento del cuento para niños «Insano». Pueden acceder a la obra completa en Amazon. Disfruten.
Era una tranquila tarde de domingo en Gaseosa City. Los niños jugaban en el parque “Tres leches”, mientras sus padres leían relajadamente, sentados en los verdes bancos de madera. Alice era una niña traviesa que de vez en cuando, se le escapaba a su madre. Tenía el cabello color oro, unos ojos azules juguetones, y una sonrisa amable. La jovencita se detuvo ante un vendedor que ofrecía crujientes donas de chocolate y la boca se le hizo agua al contemplar aquella delicia. Salió corriendo, atravesando el parque, libre como el viento; hasta llegar a donde estaba su madre, la cual leía un excelente libro de nutrición.—Mami, mami —llamó con un brillo intenso en los ojos.—Dígame, mi amor —le respondió cariñosamente su mamá—.¿Te diviertes?—Sí mami — afirmó la pequeña—.Tengo hambre. Quiero una dona de chocolate.—¿Tienes hambre? —preguntó la guardiana de la rubita—.Claro, mi amor. Pero acá tengo tus frutas cortadas. Sacó un recipiente plástico y lo destapó. Contenía en su interior, trozos de diversas y deliciosas frutas: banano, manzana, pera, mango, papaya y kiwi. La niña arrugó la nariz, mientras hacía una mueca desaprobatoria.—No mami —le dijo, armando un berrinche—. Quiero la dona. La madre cedió y le dio unas monedas a su hija. La pequeña, salió corriendo a toda velocidad; estaba tan feliz. Se dirigió nuevamente hacia donde estaba el vendedor, en una de las esquinas del parque, más próximas a la calle.—Deme una, por favor —ordenó. El vendedor sonrió con entusiasmo.—En seguida jovencita —dijo mientras se volteaba a preparar el pedido de su pequeña cliente.Pero…de pronto, la niña vio algo color rosa que se movía con rapidez y se perdía doblando la calle. Sin decir una palabra, echó a correr tras la forma rosada que había presenciado. Dobló la esquina y ahí estaba, delante de ella…era un lindo y pequeño unicornio color rosa y llevaba en su cuerno, la dona más grande, espléndida y apetitosa que había visto jamás. El bello animalito le sonrió, movió la colita y antes de que la niña pudiese tocarlo, volvió a echar a correr. La nena lo siguió.—Espera —le decía—, no huyas, no te haré daño .Lo siguió hasta que el unicornio entró a un estrecho callejón; estaba muy oscuro. La muchachita dudó durante un momento, mientras decidía si entraba o no. Se veía tan oscuro desde afuera. Finalmente, el temor le ganó y dio media vuelta, pero un relinchar chistoso la hizo volver.—Ven a por tu dona —dijo el caballito y unos ojos brillantes, relucieron en la oscuridad—.Luego podemos jugar. La muchachita lo siguió hasta las profundidades de ese sombrío rincón, pero al entrar, volvió a perder de vista al animalito.—Hola —dijo nuevamente asustada—.¿A dónde te fuiste? El oscuro sitio se aclaró levemente y la niña vio un ataúd abierto. Era de madera brillante y tenía montones de golosinas incrustadas en el costado amplio más visible. Una voz tenebrosa la llamó:—Acércate….La pequeña avanzó como hipnotizada, se asomó en la entrada del ataúd, un grito inundó el lugar y todo se hizo negro otra vez. En el parque, una mujer rubia, buscaba desesperadamente a su hija Alice.
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