Amor odontológico

Amor odontológico

Lo nuestro fue un amor odontológico.

Todo comenzó con una simple molestia;

una leve sensibilidad dentinaria,

pero aún, viva, estaba mi muela.

Pudiste haber colocado un protector pulpar sobre mi herida.

Sin embargo, me descuidaste,

 y la afección logró atravesar la barrera que mantiene sana a la pulpa.

El dolor no tenía un origen espontáneo,

la herida aún podía ser curada.

Pero volviste a descuidarme, mi vida.

No te importó y mi red pulpar se infectó.

Dijeron que un tratamiento endodóntico,

pondría todo en su lugar.

Sería un procedimiento invasivo,

más afortunadamente, mi órgano dentario, podría yo conservar.

Pero, retrasaste mi tratamiento.

Una vez más, me dejaste perecer a mi suerte.

A mi ya no me quedaban fuerzas, finalmente perdería mi diente.

Ahora debía someterme a una extracción,

me pasaste a tu silla, torpemente.

Nunca te importó  mi dolor,

extrajiste mi muela sin usar anestesia.

No me prescribiste medicación,

la infección fue acabando con mi vida.

Más bien, la enfermedad, fue un precursor.

Tú fuiste el verdadero desencadenante.

Fuiste rey y fuiste verdugo.

Me oprimiste sin piedad, con tu yugo.

Tú, mi amor…me aniquilaste.

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